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Whiplash

por Thomas Curley CAS
Traducción: Pablo Gutiérrez


Trabajando en el Acto 1, en el estudio de Paramount.

La gente se sorprende cuando se entera que el rodaje de Whiplash duró apenas diecinueve días y su presupuesto fue de 3.3 millones de dólares. Cada día tenía que aprovecharse al máximo. Si a esta ecuación le agregamos un director primerizo, Damien Chazelle, y una trama íntimamente relacionada a la música, el resultado es un grado de dificultad elevadísimo. Cuando el guión y los actores son de primer nivel, no hay lugar para errores.

Lograr cumplir con los tiempos de rodaje fue posible gracias al gran trabajo de logística del equipo de asistencia de dirección liderado por Nic Harvard. No era la primera vez que trabajaba con Nic, así que cuando me llamó para trabajar en Whiplash, sabía que iba a ser un desafío, pero su presencia me generaba mucha tranquilidad.


El director Damien Chazelle junto al editor de música Richard Henderson en el Teatro Orpheum, trabajando en los stems de playback.

No tengo un pasado musical. Después de estudiar cine, trabajé como técnico de radiodifusión para televisión; mi enfoque es tanto artístico como técnico. La música me resulta un lenguaje totalmente ajeno, y tras leer el guión, inmediatamente supe que el equipo de sonido iba a tener una carga de trabajo enorme. Nuestra labor debía ser sobresaliente, teníamos que estar a la altura de las circunstancias.

Cuando me reuní con el director Damien Chazelle, hablamos sobre los problemas que había tenido cuando filmó la versión anterior de la película, un corto que fue premiado en Sundance en el año 2013. Discutimos cómo íbamos a tratar esta versión para la “gran pantalla”.

Los mezcladores Craig Mann y Ben Wilkins, al igual que el editor de música Richard Henderson, ya habían empezado a trabajar en algunas pre-mezclas de la batería junto a la orquesta. Decidimos que no nos iba a servir tener una batería y un ensamble de jazz bien microfoneados en las escenas que transcurrían en la escuela, así que descartamos la grabación en vivo de la música. Razón por la cual el reto iba a ser coordinar los tiempos del playback en vivo.


Craig Mann, Ben Wilkins, y Thomas Curley CAS tras la ceremonia de los Oscar 2015. (Foto: Todd Wawrychuk/©A.M.P.A.S.)

Para estas escenas, Miles Teller usó un inalámbrico y el boom se movió constantemente entre J.K. Simmons y la batería. El resto de las escenas con música fueron playback casi en un 95%. Grabamos cada toma de playback con el boom, haciendo fade-out en vez de simplemente detener la pista, pues queríamos que toda resonancia, room tone, o ruido provenientes de los instrumentos reales quedaran grabados como parte del sonido directo. Además de esto, Craig Mann grabó respuestas a impulsos en cada uno de los sets para posteriormente modelar reverbs convincentes en base a éstas.

Mejoré mi equipamiento especialmente para Whiplash y compré un micrófono Schoeps CMIT 5U, un OctoPack de Lectrosonics, con cuatro doble receptores SR y un controlador Sound Devices CL-9. Antes de eso había tenido dos consolas, una Yamaha O1V96 y una Sonosax SX-S de ocho canales. Decidí sacrificar ambas consolas por la simplicidad del CL-9, y aunque carezca de ciertas de las funciones de cualquier consola analógica, la elegancia de todo el sistema lo hace valer la pena. Me gusta poder controlar el track de mezcla en el 788T sin tener que perder un track iso, y además, me resulta muy conveniente que el CL-9 funcione con la misma fuente de alimentación del 788T.

Aún en el caso en que me falle la fuente principal en mi estación de trabajo, puedo seguir mezclando en el CL-9 con la batería interna del 788T.


Estación de trabajo para grabación y playback.

Nuestras visitas a locación develaron el misterio de cómo íbamos a lograrlo todo en diecinueve días. Dos semanas de filmación iban a trascurrir en el Teatro Orpheum, en el centro de Los Ángeles. El edificio resultó ideal para que el departamento de arte construyera varios sets en distintos pisos. Había por lo menos diez distintos, y bastaba con tomar el ascensor para llegar a ellos.

Desde el principio supe que uno de los sets que mayores problemas nos iba a traer era el Club de Jazz, donde Andrew se vuelve a encontrar con Fletcher. El set se construyó en el lobby del teatro, donde se instaló una pared trasera para simular la parte de atrás del escenario. El departamento de arte cedió a mis peticiones y construyó una doble pared, que ayudó a reducir notablemente el ruido incesante del tráfico de la calle Broadway. Aunque no desapareció del todo, hizo la diferencia entre simplemente aplicar un filtro low cut en vez de tener que doblar las cinco páginas de guión de esa escena.

Al final de los diecinueve días, todo el equipo tenía la certeza de haber trabajado en una película increíble, independientemente del resultado final. El nivel de profesionalismo y colaboración fue ejemplar, y sentí que era el tipo de set con el que soñé cuando viajé desde Nueva York a Los Ángeles hace muchos años atrás.


Junto a mamá y mi Oscar

Whiplash no paró de darnos alegrías. Me emocioné mucho cuando me enteré que fue elegida para abrir el festival de Sundance, e hice todo lo posible por asistir a esa función. Cinco minutos antes de que iniciara la película pude conseguir la última entrada; fui testigo de una tremenda ovación a sala completa mientras corrían los créditos. Qué emocionante!

Unas semanas después, nos nominaron para los premios BAFTA y los Oscar. Nunca me sentí tan mimado en mi vida. Cuando ganamos en los BAFTA no lo podíamos creer, fue una alegría inigualable y un enorme honor, sobretodo para Ben Wilkins, de origen inglés. De repente estábamos tras bastidores, entre torbellinos de prensa y fiestas hasta el amanecer.


El cuarto para practicar batería, justo debajo del escenario del teatro Orpheum.

Y entonces, los Oscar. No podía creer cuando llegó el día de caminar sobre la alfombra roja. Mi madre era mi invitada, y no podía estar más orgullosa. Estuve gran parte de la ceremonia convenciéndome que las probabilidades de ganar eran ínfimas, pues estadísticamente hablando, la última vez que una película de bajo presupuesto había ganado algún premio en sonido había sido treinta años atrás. El talento y el dinero de las producciones con quienes compartíamos categoría resultaban muy intimidantes.

Cuando nos anunciaron como ganadores, me recorrió el cuerpo una sensación abrumadora, mezcla de orgullo y terror. Ahora tenía que, tranquila y agraciadamente, subirme a un escenario en frente de 1.5 billones de personas! Nos dijeron que sólo uno de nosotros podía hablar, pero al ver que no nos interrumpía la típica música de fin-de-discurso, agarré el micrófono y le agradecí a todo mi equipo de trabajo. Sigue siendo muy extraño ver esos trofeos en la sala de mi casa, pero la verdad es que gracias a Whiplash pude cumplir muchos sueños. Y aunque sé que mi vida cambió para siempre, miro con emoción los grandes retos que depara el futuro.


Damien con el DP Sharon Meir, ensayando la que sería la escena final en el Teatro.

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